“El Celular no es un lujo, es una necesidad” solía rezar mi madre al igual como lo hizo con muchas otras cosas como la linea de teléfono, el horno de microondas o la lavadora automática antes de que nos decidiéramos a comprárselas. Claro que para al celular no existía ningun tipo de prisa, y es que, permitanme equivocarme, pero ¿a que clase de hijos les interesaría que su madre tuviera un método eficaz de localizarlos cada que se les ocurría no aparecerse a tiempo por la casa?
A ninguna clase de hijos es la respuesta y es que el celular no ha llegado aun a ser como un buscador satelital, pero eso si, es la vía perfecta para encontrar a una oveja descarriada. Cuando por fin sucumbimos a la tempestad y poniendo partes iguales de dinero compramos a mama el soñado aparato, el calvario paso de ser algo antiguo a convertirse en una de las maravillas modernas más admiradas en casa. Ahora, cada que se me ocurre vagar sin rumbo ni horario por la calle, el celular suena siempre impecable a la menor provocación, convirtiéndose ahora en un instrumento inquisidor que sirve para largos interrogatorios y reproches.
Pero no solo funciona de las madres hacía los hijos, es también un instrumento para controlas los celos usado por novias, esposas y amantes que a la menor provocación no dejan de marcar los diez dígitos que separan una falta de conciencia de una explicación atropellada.
Y aun a pesar de estarse convirtiendo en un instrumento maléfico para con ciertas personas, es cierto también que no estamos encariñando demasiado con ellos, a tal grado de llamar inadaptado a todo aquel que aun se resiste a cargar consigo su localizador infernal. Nos resulta imposible vivir un día sin escucharlo, soportar un día completo sin sumergirnos en la serie de artilugios que guarda dentro para entretenernos.
Los celulares son del diablo, solía decirle a mi mama para postergar el momento de comprárselo, ahora que todo esta hecho no queda sino acostumbrarse a mirar antes de contestar o apagarlo, dejándolo callado y dándole la espalda cuando él solo se ha empeñado en convertirse en algo indispensable para la vida diaria.



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