Se me hizo facil un día abandonar mi reloj, a pesar de que había sido un regalo muy especial de parte de mi madrina quien siempre olvida mis cumpleaños a mi me parecía que no iba muy bien con mi estilo. Y es que definitivamente un reloj dorado no combinaba con la playera y el pantalón negros de turno, además las pulseras en la mano derecha hacían verse al reloj como un objeto extraño encima de mi cuerpo, por eso, cuando dejo de caminar el segundero ya no quise comprarle pila y lo deje guardado en algún cajón.
Al principio me sentía feliz por haberme deshecho de él, pero cuando pasaron unas cuantas horas me dí cuenta del vicio terrible que tenía de levantar la muñeca para ver la hora a cada rato. No pasaban ni diez minutos entre cada nueva mirada hacía el brazo y en cada una de ellas me daba un pequeño golpe tratando de asimilar que el reloj ya no estaba ahí. Terminé el primer día con varios moretes.
Ahora para ver la hora tenía que sacar mi celular a cada momento, un nuevo gesto que no tarde mucho tiempo en aprender y que ahora es un nuevo vicio que no se como me voy a quitar cuando sea el momento. Últimamente me parecen ridículos todos aquellos que llevan en la muñeca un reloj e imagino como sería su vida si un día de estos se los quitaran. No me cuesta trabajo imaginarlo, a mi me paso ya una vez y aunque ahora no lo necesito se que al principio el reloj se vuelve un objeto ampliamente extrañable.



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