Caminaba tranquilamente por el centro de la ciudad el sábado por la tarde, atrás había quedado la clase de ingles y la principal prioridad era llegar temprano a casa para irme al trabajo. Caminaba tan indiferente como siempre, tratando de no mirar a nadie, ni hacer caso en tantas y tantas personas que están siempre en el mismo sitio pidiendo limosna, solo desviaba mi mirada muy de vez en cuando en pos de alguna chica de buena pinta de esas que siempre terminan haciéndome voltear la mirada.
Entonces vi que en una esquina había mucha gente y que todo el que pasaba se detenía a mirar. Miré a una chica con un cartel en la mano, muchos de los que pasaban se acercaban y le daban un abrazo, entonces pensé que era uno de tantos grupos de jóvenes que salen a las calles a pedir abrazos y a regalarlos, una costumbre que últimamente se vuelve cada día mas común en el centro de la ciudad. Por pura curiosidad me detuve a leer el letrero, lo que leí ahí me dejo helado:
“Regalame un abrazo… tengo sida”
Incluso hoy, después de que han pasado tres días vuelvo a sentir el vuelco que me dio el corazón en ese momento, no se describir lo que sentí, solo se que me acerque y le regale un abrazo, pero no uno simple, no como los que acostumbro dar de prisa a la gente que suele pedirlos, esta vez en el abrazo trate de darle a la chica todo mi apoyo, trate de que supiera como me estaba sintiendo en ese momento. Llevaba ademas en la boca una cinta que decía gracias. Y es aquí donde viene la reflexión, la misma reflexión que hacía cuando tuve que dejar la esquina donde la chica me miraba agradecida y es que no estamos acostumbrados a dar abrazos, a dar cariño a las personas, vivimos de prisa, enojados y si algún extraño con un letrero en la calle nos pide un abrazo le damos la vuelta y nos vamos o lo hacemos de mala gana, pero el sábado, en esa esquina muchísima gente se detenía a hacerlo, espero que no hayan sentido lastima y lo hayan dado de corazón, pero también es cierto que mucha gente estaba ahí detenida, mirando aquello como si fuera un circo o un predicador, parecían contentos comentando la desgracia. Yo solo camine callado, con unas lagrimas queriendo asomarse porque ademas de todo, en ese momento escuchaba Cáncer de My Chemical Romance, del disco the black parade que es la historia de un joven que sabe que va a morir y a lo largo del disco recuerda como ha sido su vida y ademas se despide de las personas que quiere. Mucha gente pudo haber pensado que aquello podía no ser cierto, pero cuando me acerque a abrazarla pude ver en sus ojos una tristeza que nunca había visto antes, aquellos ojos, los mas lindos y tristes que he visto en mi vida cualquier día van a dejarnos, ella no podía hablar por la cinta en la boca, hubiera querido saber mas sobre ella, tratar de ayudarla, pero ya de por si era difícil, y hoy desde aquí, solo puedo dedicarle esta canción, la que estaba oyendo en el momento en que la vi y que dice exactamente lo que ella debió estar pensando:
…cause the hardest part of this,
is leaving you.



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